sábado, 9 de julio de 2016

La sorpresa

Si hay algo que admiro es la capacidad de sorprenderse. Esa cualidad tan frecuente en los niños pequeños y que se va perdiendo conforme maduramos. ¿Por qué una persona adulta no se sorprende? Porque ya lo ha visto todo, piensa la persona adulta, porque todas las cosas antes desconocidas, ya las conoce. No necesita saber porqué las farolas emiten luz, simplemente sabe que la luz está ahí y no le hace falta conocer ningún detalle más. Una persona adulta no se sorprende cuando ve un perro ladrar, ni cuando un helicóptero vuela por encima de él. ¿Qué hay de extraño en estas cosas? ¿Por qué tendría que sorprenderse de algo que está acostumbrado a ver?

El niño es lo contrario de la persona adulta. Un niño se sorprende por todo lo que ve a su alrededor, lo observa con curiosidad, se pregunta de dónde viene, lo señala y lo sigue con la mirada como si fuera la cosa más asombrosa que haya visto en su vida aunque se trate de una simple sombrilla de playa. Un niño pregunta siempre a sus padres "¿Qué es ésto?" Y sus padres, en función de la capacidad imaginativa que tengan, se inventan una historia fantástica que el niño cree de principio a fin o le responden con palabras escuetas lo que es para que deje de hacer preguntas. 

Nunca se le debe arrancar la sorpresa a un niño. El niño ha nacido para sorprenderse y con cada cosa que le sorprende, está potenciando su pensamiento, creando una historia, analizando el "porqué" de las cosas. La sorpresa de un niño es el camino hacia el pensamiento, hacia la imaginación. ¡Dejad que el niño invente su propia teoría! ¡Dejad que piense que las estrellas son pequeñas hadas que lo observan desde el cielo! El niño cree en aquello que la persona adulta siquiera se atrevería a pensar. El niño es atrevido, investiga nuevos horizontes, no se conforma con la explicación que le ofrecen sus padres y busca nuevas historias. ¡El niño tiene un pensamiento libre! Mientras que la persona adulta tiene un pensamiento influenciado por la sociedad en la que vive, el niño aún no ha adquirido tal experiencia y por lo tanto, ¡puede pensar lo que le venga en gana! No está sujeto a normas sociales, no siente timidez de expresar sus ideas, no tiene que fingir ser alguien que no es, ¡al niño le está permitido sorprenderse!

La experiencia nos impide sorprendernos y yo me pregunto, "¿por qué?" ¿Por qué no puedo sorprenderme como un niño pequeño? ¿Por qué no puedo creer en las leyendas y los cuentos de hadas? ¿Por qué la razón me impide crear mis propias explicaciones? ¿Por qué creemos que sabemos algo solo porque nos lo han explicado en el colegio?  Por qué, por qué, por qué...


Lo que daría por volver a ser una niña pequeña para poder sorprenderme...

martes, 5 de julio de 2016

Presentación

En Internet podemos encontrar millones de blogs con temáticas diferentes; literarios, de cine, moda... Tenemos tantos blogs entre los que elegir, y sin embargo, yo os pido que retengáis vuestros ojitos curiosos en éste en concreto, ¿por qué? ¿Qué tiene de especial? ¿Por qué tendríais que emplear vuestro tiempo en leerlo? 

Porque es un blog diferente, yo os respondo, es un blog de filosofía o, dicho de otra forma, es un blog sobre el arte de pensar

A muchos os ha echado hacia atrás esta respuesta, estáis apunto de pulsar la x de la esquina derecha y buscar otro blog más interesante. Los que vais a hacer ésto (o ya lo habéis hecho) tenéis una idea muy equivocada de la filosofía. La primera cosa que os viene a la cabeza cuando se menciona la palabra "filosofía" son todas las teorías filosóficas de famosos pensadores que os habéis tenido que empollar para los exámenes; pensáis en Platón, en Kant, Aristóteles, Hegel, Nietzsche... Pensáis en todas estas celebridades y sin embargo, ¡no se os ocurre pensar en vosotros mismos! ¿Por qué? Porque el instituto os ha dado una idea errónea de filosofía. Vosotros también podéis ser filósofos, mentes inquietas, y no hace falta haber pasado a la historia para poder "filosofar". 

La filosofía consiste, nada más y nada menos, que en reflexionar sobre todo aquello que nos rodea, sobre los interrogantes que flotan a nuestro alrededor, que nos ahogan con su presencia. La filosofía es el arte de pensar, y todo el mundo puede ser filósofo si se lo propone. Y ahí está el problema, la razón por la que la mayoría de gente odia la filosofía; no les gusta pensar. A mí me horroriza el simple hecho de que a alguien no le guste pensar, pero también, mirándolo desde otra perspectiva, el que no piensa vive tranquilo, sin preocupaciones, sin dudas existenciales que le quiten el sueño. El que no piensa no se pregunta de donde vienen todas las cosas que tenemos, no se pregunta el sentido de la existencia, simplemente sabe que él existe en el mundo y con eso le basta para ser feliz. La filosofía es dolor de cabeza. Puedes lidiar con el dolor de cabeza, las contradicciones, los constantes callejones sin salida, o puedes tomarte una aspirina y olvidarte de todo. 

En este blog no pretendo dar las clases de filosofía que uno recibe en el instituto, en este blog quiero elaborar mi propia filosofía y que vosotros, mentes inquietas, me ayudéis a perfeccionarla y me transmitáis vuestras ideas respecto a mis reflexiones. ¡Todo comentario es bien recibido! Con ésto, pretendo cambiar la idea que la gente tiene sobre la filosofía, me gustaría que no quedara en el recuerdo de lo que fue, sino que renazca con ideas nuevas. ¡No podemos permitir que el pensamiento humano se quede estancado en lo mismo! 

Para terminar, me gustaría citar un párrafo de "El Mundo de Sofía" en el que aparece la imagen del filósofo frente al resto de personas.

“Se puede sacar un conejo blanco de un sombrero de copa vacío. Dado que se trata de un conejo muy grande, este truco dura muchos miles de millones de años. En el extremo de los finos pelillos de su piel nacen todas las criaturas humanas. De esa manera son capaces de asombrarse por el imposible arte de la magia. Pero conforme se van haciendo mayores, se adentran cada vez más en la piel del conejo, y allí se quedan. Están tan a gusto y tan cómodos que no se atreven a volver a los finos pelillos de la piel. Sólo los filósofos emprenden ese peligroso viaje hacia los límites extremos del idioma y de la existencia. Algunos de ellos se quedan en el camino, pero otros se agarran fuertemente a los pelillos de la piel del conejo y gritan a todos los seres sentados cómodamente muy dentro de la suave piel del conejo, comiendo y bebiendo estupendamente: —Damas y caballeros —dicen—. Flotamos en el vacío. Pero esos seres de dentro de la piel no escuchan a los filósofos. —¡Ah, qué pesados! —dicen.” 



¡Bienvenidos a la espiral del pensamiento!